Niños, locura y el poema de Louise
Escribe: Ester Brafa
Los niños y las preguntas, los niños y el asombro. Casi lo mismo. Y esa costumbre molesta que siguen teniendo algunos adultos de no abandonar las preguntas.
Los niños que se pierden en la puerta de su casa, atrás de un árbol, en el barrio, en un instante, mágicamente, y la magia horrenda de que no vuelvan a aparecer.
Se llaman Loan en Corrientes, Lian en Córdoba, Guadalupe en San Luis, Sofía en Tierra del Fuego, y antes Fernanda aquí.
¿Dónde irá la infancia de cada uno? ¿Dónde habrán quedado sus preguntas?
En la complejidad de no entender seguimos buscando y cuando creíamos alcanzar una verdad vemos en la pantalla, como casi todo lo que vemos, un presidente regalando a un poderoso en otro país poderoso, una motosierra, la toma con sus manos y la alza haciendo movimientos hacia los lados, arriba , en círculos, abajo. Borrachos los dos de risa y de idiotez. Y el aparato destructor en funcionamiento.
Pero veníamos hablando de los niños perdidos y las preguntas, qué es este enredo?? Me alcanzó la locura?!
Ah sí!! Ahora me acuerdo, alcanzo a ver agarrada a los pantalones del hombre poderoso que se mueve frenético, una niñita, de 3 o 4 años, con un moño en el pelo y las cintas que caen. Es su hija. Sin soltar los pantalones del padre esa niña estará preguntando también dónde irá su infancia, las cintas del pelo a un lado y a otro.
Siempre extrañaremos esos días cuando los padres se las rebuscaban para calmar la impertinencia de nuestras preguntas. Extrañaremos siempre ese "nostos", ese regreso a casa.
Así llamaron los griegos al retorno de personajes y héroes que después de aventuras volvían al hogar.
Así titula Louise Gluck su poema "Nostos" y así culmina:
MIRAMOS EL MUNDO
UNA SOLA VEZ,
EN LA INFANCIA.
EL RESTO ES MEMORIA.