Entre Ricardo III y Donald
Por Ester Brafa
En estos días donde el calor nos tiene a los saltos, el mundo se prepara, sin importar la temperatura de otras latitudes, para asistir a un nuevo gran salto de Donald. Como el pato del mismo nombre este personaje va dejando marcas en el piso, solo que más grandes y tóxicas que las del gracioso animalito:
Anexar Groenlandia a EEUU por razones de seguridad mundial (de su mundo) y convertir a Canadá en el estado número 51, sin olvidar cambiar el nombre del Golfo de Méjico por Golfo de EEUU que tiene un "hermoso sonido ". Todo sea para proteger al mundo libre. ¡Qué obra se le escapó a don William!!
O tal vez no. Porque se metió en el alma humana de tal modo que nada se le escapó. Ricardo se llamaba aquel rey de ambición desmedida que sufría insomnio por el estado de obsesión que lo atrapaba.
Sí, Ricardo lll que frente a un espejo se pregunta:
¿Era éste el rostro que hacía parpadear a cuantos lo miraban? , hasta que en el final de la gloria y ya perdido en el campo de batalla, exclama "Un caballo, mi reino por un caballo."
No sabemos cuál será el destino de Donald pero por las dudas declaramos ante quien corresponda que si por una de esas casualidades en su entusiasmo global se entera de las actividades que se desarrollan en el anfiteatro del parque y se le ocurre pedir las instalaciones para el acto de su asunción, comunicamos que ya están todas las fechas ocupadas. Y si por alguna otra casualidad, con la excusa de una estrategia en el cono sur, pretende anexar a las Islas Lechiguanas, que ni lo piense! Por acá hay gente que va al teatro y lee a Shakespeare.