Un DNU que prohíba las muestras
Un noviembre que no se guarda nada y sale a mostrar tooooddddoooo. Nos permitimos una reflexión en tono realista y humorística a la vez. Dejar sus hates envueltos en Higienol doble hoja.
¿Les pasaba en sus infancias que en algún momento sus padres cerraban la puerta de la habitación y nada se sabía de lo que allí acontecía?
Activada la imaginación de los que quedábamos fuera, en ese reducto sucedían charlas, peleas, lecturas, cuentas, reproches, siesta, la cochinada. Sí, seguro la cochinada.
Pero bueno, era un ratín lo que se encendía la imaginación y luego se aprovechaba ese recreo de padres para cosas que nos resultaran más interesantes que desentramar lo que hacían esas cuerpas en la trinchera.
Ponele que eso ocurría todo el año y que llegado, digamos, noviembre, decidían abrir las puertas y mostrarnos toooodoo lo que habían estado haciendo en esos ratos. Un asco. Y la cosa se volvía más enfermiza aun cuando invitaban a abuelas, tías, bah a toda la flia para que sean parte del hecho. Y lo más inquietante es que nadie se lo quería perder. Y mucho más denso se ponía todo cuando los protagonistas avisaban que la cosa iba a ser temática. Y ahí a correr a buscar una pollera sublimada de Mirabel, y el broche de flor verde para el pelo, una vincha de colores con luces led, el maquillaje con glitter, y era un quilombo, porque al parecer en todas las casas pasaba algo parecido para la misma época. Y capaz el evento de tus viejos coincidía con el de los tíos, y otro bardo en puerta. ¿Qué hacía la abuela? ¿A dónde iba? No se quería perder ninguno, había que comparar el desempeño de las nueras, todo demasiado dark.
Y el evento, porque a esta altura ya es un evento, que paga Sadaic, Argentores y todo eso, trágicamente le da un estiletazo a la privacidad y la imaginación. ¿Qué necesidad de mostrar todo? Incrédulos, precisan tocar las llagas del crucificado para creer lo que les dicen. Y, como ya sabemos, mientras más bizarro parece algo más probabilidades tiene de convertirse en realidad, de golpe estamos peleando por una entrada, discutiendo con pares por lo rápido que volaron las anticipadas, y ya no sólo tendremos que ver lo que hicieron nuestros padres, sino también los padres de otros, y va a ser un fiasco. Como espectadores lo sabemos de antemano, pero allí estamos. El amor vence a la estética. Lo importante ya pasó. Fueron esos momentos compartidos en la privacidad, más cómplices, sin público al que agradar, y sin glitter en las mejillas.
Y todavía falta el vitel toné.