Mucho aburrimiento
Escribe Martín Calvo
Es nuestro deseo para el 2026 que se aproxima. Suena a mala onda, pero puede que esconda un mensaje de superación y resiliencia…
Hay cosas que no deben ser tan divertidas. Me voy a exponer. Como un mantra, cada vez que realizo el acto de defecar, expreso a viva voz “Qué lindo es cagar”. Placentero, ¿por qué no admitirlo? Y saludable a la vez. Pero no necesariamente entretenido. Según los tiempos de cada uno, son unos minutos de pensar en la nada misma. Breves, o no tanto, momentos de reflexión, de recordar cosas pendientes, de hacer notas mentales, de pensar en qué comer… Esa parte también resulta saludable, un relax para nuestro pobre cerebrito que hierve de estímulos.
Un rastreo veloz por la internet me anoticia que aproximadamente el 80% de las personas cagan con el smartphone entre las manos. En la búsqueda saltan un montón de alertas al respecto, como que el celular tiene más bacterias que un inodoro y que el uso del telefonito mientras se evacúa provoca que se prolongue el tiempo en el trono, aumentando los riesgos de hemorroides en un 46%. Lo que explica el porqué de tantas propagandas de cremas antihemorroidales en la TV. En algunos casos, la distracción y entretenimiento es tan profunda que el protagonista se olvida de cagar o, peor, de limpiarse el culo.
El acto es, al entender de quien escribe, la mayor amputación que el capitalismo ha aplicado sobre el pensamiento. Aburrirse es pensar, entretenerse es meterse en un laberinto que no lleva a ninguna parte, pero al que le dedicamos nuestro tiempo, que, evidentemente, parece ser algo muy preciado.
Como respirar, el pensamiento es algo que no se puede detener, es indispensable para la supervivencia. Ahora, hay un par de formas posibles para acallar el pensamiento. Una es trabajar hasta el hartazgo (un dedo arriba todes les precarizades) y otra procurar divertirse sin interrupción en los momentos libres. Hay que estar muy aburrido para ponerse a pensar. Procuremos que al menos ocurra cuando estamos con los pantalones bajos en un inodoro.
Tanto el capitalismo como su inseparable amigo, el mercado, toleran todo. Corrupción, guerras, frivolidad, crueldad, protocolos, pero no soportan el tedio. Allí está el enemigo a vencer. Quizás es momento de aburrirnos un poco más.